y podrá separar el alma del cuerpo. Pero mi alma,
al pasar a la otra orilla, no perderá la memoria, porque
en ella habita el recuerdo de su amor. La llama amorosa
desafiará la ley severa del olvido y no dejará la memoria
junto al cuerpo donde ardía. El alma que ha sido prisionera
de Apolo, el dios del amor, las venas que han dado sangre
a tanto fuego y las médulas que han ardido por un motivo
glorioso abandonarán mi cuerpo, pero no abandonarán la
causa de su preocupación.
Serán ceniza, pero tendrán sentimiento; serán polvo, pero
polvo enamorado.
Francisco de Quevedo-Amor constante más allá de la muerte





